New Hospital
25 May
New Teachers
03 June
Water Wells
14 April
New Vaccines
SOON
Te damos la bienvenida a nuestra plataforma de participación ciudadana sobre cambio climático, un espacio diseñado para informar, educar y empoderar a todas las personas interesadas en ser parte activa de las soluciones climáticas.
Este espacio ha sido creado en el marco del proyecto “Resiliencia Climática: Fortaleciendo Comunidades Marginales en México”, financiado por WRI México. Aquí encontrarás recursos educativos, materiales audiovisuales, foros de discusión y herramientas que te permitirán alzar la voz en la construcción de políticas públicas más inclusivas, justas y efectivas frente al cambio climático.
Nuestro objetivo es democratizar el acceso a la información climática y fortalecer la participación de cada sector de la sociedad, en especial de aquellos que históricamente han sido marginados de estos procesos. Uniendo esfuerzos podemos construir comunidades más resilientes, conscientes y comprometidas con el cuidado del planeta.
El cambio climático afecta de manera desproporcionada a las poblaciones en situación de vulnerabilidad, que históricamente han sido excluidas de la toma de decisiones en materia climática.
La participación ciudadana es un derecho y una herramienta clave para enfrentar esta crisis. Es indispensable incorporar las voces de quienes viven los mayores impactos.
Esta Guía identifica los principales retos de la participación climática y propone mecanismos prácticos y culturalmente pertinentes para fortalecer la participación efectiva de estas poblaciones en las políticas públicas climáticas.
El cambio climático impacta de forma más severa a mujeres en contextos rurales, indígenas o marginados, pues muchas son jefas de familia, madres solteras o adolescentes, adultas mayores o cuidadoras de infantes, personas mayores o con discapacidad. La escasez de agua y alimentos por sequías e inundaciones aumenta su carga laboral y riesgos de salud, sobre todo si están embarazadas o trabajan a la intemperie. En emergencias, la violencia de género se agrava (golpes, acoso, explotación, control económico). Mujeres que viven en zonas de riesgo, con viviendas precarias, sin servicios básicos o recursos económicos limitados, enfrentan mayor vulnerabilidad, al igual que indígenas, afromexicanas, migrantes, desplazadas climáticas, LGBTIQ+ o con enfermedades crónicas.
Las juventudes son uno de los sectores más vulnerables ante el cambio climático, pues heredan una crisis ambiental profunda y los efectos de decisiones pasadas. En México, más de 31 millones de personas entre 15 y 29 años representan el 25 % de la población. Aunque son clave para la transformación social y ambiental, su participación sigue siendo limitada en las políticas públicas. La vulnerabilidad aumenta en juventudes rurales, indígenas y urbanas marginadas, debido a la discriminación, la falta de educación ambiental, recursos y tecnologías, así como al escaso acceso a redes de apoyo, lo que limita su adaptación y resiliencia.
Las comunidades indígenas son especialmente vulnerables al cambio climático por su estrecha relación con los ecosistemas, de los que dependen para su subsistencia y cultura. Enfrentan alteraciones en los ciclos de lluvia, pérdida de fertilidad del suelo y disminución del agua, afectando su agricultura y seguridad alimentaria. Sequías, inundaciones y pérdida de biodiversidad amenazan sus medios de vida y permanencia territorial. Muchas habitan zonas rurales con escasa infraestructura y servicios, además de sufrir discriminación y exclusión en decisiones sobre sus territorios. Su participación es esencial en las políticas públicas, pues sus conocimientos tradicionales fortalecen la adaptación y la resiliencia climática.
Las personas afromexicanas son especialmente vulnerables al cambio climático debido a la marginación histórica que limita su acceso a servicios básicos, educación, salud y participación en decisiones. Muchas viven en zonas costeras y rurales expuestas a huracanes, inundaciones, erosión y sequías, lo que amenaza sus viviendas, cultivos y medios de vida. La falta de infraestructura y de políticas con enfoque intercultural agrava los impactos, mientras la discriminación estructural reduce su capacidad de adaptación. Sin embargo, sus saberes tradicionales en pesca, agricultura y manejo del agua son fundamentales para fortalecer la resiliencia climática y la defensa sostenible de sus territorios.
Las personas con discapacidad enfrentan mayor vulnerabilidad ante el cambio climático debido a barreras sociales, físicas y estructurales que dificultan su prevención y respuesta ante emergencias. Los sistemas de alerta suelen no ser inclusivos: carecen de audio para personas con discapacidad visual o de interpretación en lengua de señas. Además, la información suele no estar adaptada a sus necesidades. En situaciones de desastre, pueden interrumpirse el acceso a medicamentos, dispositivos médicos o asistencia personal. La dependencia de electricidad para equipos como respiradores o sillas de ruedas eléctricas agrava el riesgo, evidenciando la urgencia de estrategias climáticas verdaderamente inclusivas y accesibles.
Las personas LGBTIQ+ pueden enfrentar doble discriminación por género y orientación o identidad, lo que limita su acceso a empleo, asistencia y liderazgo comunitario frente al cambio climático. En situaciones de emergencia, corren mayor riesgo de acoso o violencia sexual, especialmente en albergues que no reconocen sus derechos. Sus redes de apoyo suelen ser reducidas y, cuando son madres o cuidadoras, la carga aumenta. Además, enfrentan barreras para acceder a servicios de salud sexual y reproductiva adecuados. La intersección de desigualdades de género, orientación, identidad y cuidado profundiza su vulnerabilidad ante los impactos climáticos.
Las personas adultas mayores son especialmente vulnerables al cambio climático por factores físicos, sociales y económicos que limitan su respuesta ante emergencias. Los cambios fisiológicos, como menor resistencia al calor, deshidratación y debilitamiento inmunológico, aumentan el riesgo ante olas de calor, enfermedades y desastres naturales. Además, enfrentan barreras de movilidad, aislamiento social y limitado acceso a información, salud e infraestructura, lo que reduce su capacidad de adaptación. En contextos de pobreza o marginación, la falta de redes de apoyo y recursos agrava su vulnerabilidad y compromete su bienestar integral.
Me llamo Alfredo Canseco Díaz, soy estudiante y tengo entre 18 y 30 años. Formo parte de la comunidad LGBT y vivo en una zona que enfrenta una crisis hídrica.
En los días más calurosos, el calor se vuelve insoportable. Siento que me sofoco y que es difícil concentrarse en las actividades diarias. La falta de agua y las altas temperaturas se combinan para hacer que la vida cotidiana sea más complicada, especialmente para quienes no tenemos recursos para mitigar el calor.
Aún no sé bien qué hacer para adaptarme a estos cambios, pero reconozco que es urgente encontrar soluciones que nos permitan sobrellevar las temperaturas extremas y la escasez de agua que cada vez se sienten más
Soy Heliodoro Cayetano Cruz, tengo más de 60 años y vivo en el paraje El Mesías, en Cuilápam de Guerrero, Oaxaca. Soy asesor técnico en la construcción de estufas ahorradoras de leña para comunidades rurales.
En los últimos años, he notado cómo el clima ha cambiado. El calor ahora es más fuerte, quemante, y las lluvias, cuando llegan, son tan intensas que a veces dañan la carretera, dificultando el acceso y la comunicación con otras comunidades. Estas inclemencias no solo afectan la vida diaria, también repercuten en el trabajo y en la economía de las familias.
Ante esto, he decidido aportar desde mi experiencia. Construyó y promuevo el uso de estufas ahorradoras de leña, una ecotecnia que ayuda a reducir la presión sobre nuestros bosques y selvas, cuidando así los recursos naturales y adaptándonos a las nuevas condiciones que nos impone el cambio climático.
Soy Abel Cruz Fuentes, estudiante universitario originario de Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca. Pertenecemos a un pueblo indígena y en los últimos años hemos enfrentado serias dificultades por el cambio climático.
Cada vez tenemos menos acceso al agua, lo que aumenta nuestra vulnerabilidad hídrica. Además, han incrementado las enfermedades como el dengue y la inseguridad alimentaria. El calor extremo provoca golpes de calor, los recortes de agua son más frecuentes y las enfermedades afectan a más personas de la comunidad.
Ante esta situación, hemos impulsado campañas de reforestación, talleres de educación ambiental y jornadas de limpieza de áreas naturales. Estas acciones buscan no solo adaptarnos, sino también cuidar nuestro entorno para que las generaciones futuras tengan mejores condiciones de vida.
Soy Marco Antonio Díaz Ramírez, tengo entre 18 y 30 años y vivo en Ocotlán de Morelos, Oaxaca.
He notado cómo el cambio climático afecta directamente nuestras siembras: dificulta la cosecha y nos obliga a usar más agua, lo que provoca escasez del recurso. Las olas de calor son cada vez más intensas; si no se tiene cuidado, pueden causar dolores de cabeza y deshidratación.
Para enfrentar esta situación, en casa y en la comunidad tratamos de cuidar y reciclar el agua que puede usarse una segunda vez, además de clasificar la basura para reducir la contaminación. Son acciones pequeñas, pero necesarias, para adaptarnos y cuidar nuestro entorno.
Espacio de Encuentro de las Culturas Originarias A.C. es una organización sin fines de lucro dedicada a fortalecer comunidades vulnerables frente al cambio climático.